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Síndrome del impostor en el trabajo: atrévete a ocupar tu lugar

11 de abril de 2026

Síndrome del impostor en el trabajo: atrévete a ocupar tu lugar

Acabas de conseguir una promoción o de llevar un proyecto a buen puerto. Lógico, ¿no? Bueno, puede que te preguntes si realmente mereces ese reconocimiento. Si sientes que estás engañando, que estás aprovechando una confluencia de circunstancias, o que alguien acabará descubriendo que no estás a la altura. Esa sensación incómoda: no eres el único que la experimenta.

El síndrome del impostor —a veces llamado síndrome del fraudador— afecta a una parte significativa de los profesionales en algún momento de su carrera. Y no, no se trata de una falta de competencia. Es un mecanismo psicológico bien documentado, que merece ser comprendido en lugar de sufrido en silencio.

¿Qué es exactamente el síndrome del impostor?

El síndrome del impostor se manifiesta como una brecha desconcertante entre lo que realmente logras y la forma en que percibes esos logros. Tienes resultados concretos, tangibles — una promoción, comentarios positivos, proyectos exitosos— pero algo en ti se niega a creerlo realmente [SEPE, documentación institucional].

Concretamente, esto es lo que puede provocar:

Lo más llamativo es que esta sensación persiste a pesar de las pruebas contrarias. Incluso con datos objetivos que demuestran tu valor, la disonancia permanece arraigada.

¿Cuánto se extiende?

Los estudios en este ámbito sugieren que una parte importante de los profesionales —algunas estimaciones sitúan esta proporción entre el 50 y el 70 % de la población activa— experimentan este síndrome en algún momento de su carrera [Clance y O’Maoileidigh, 1985]. Es considerable.

Un punto importante a tener en cuenta: estas cifras provienen de estudios con limitaciones metodológicas. Las muestras no siempre son representativas del conjunto de los profesionales. Se trata de estimaciones útiles para valorar la magnitud del fenómeno, no de medidas exactas.

Además, hay que distinguir las fuentes institucionales españolas (como el SEPE o el Instituto Nacional de las Cualificaciones) de las publicaciones científicas sometidas a revisión por pares. Las primeras ofrecen referencias prácticas útiles; las segundas aportan un nivel de evidencia más robusto, aunque siguen siendo modestas en este ámbito.

Cabe señalar también: la idea de que el síndrome afecta más a las mujeres no se encuentra de forma constante en los estudios controlados recientes. Esta observación podría reflejar un sesgo de publicación o una infradeclaración masculina, no una realidad epidemiológica establecida.

Cómo el síndrome del impostor afecta a tu carrera y tu bienestar

La duda permanente no pasa sin consecuencias. Cuando pasas el tiempo temiendo ser “desenmascarado”, tu energía mental se agota. Los efectos observables son reales:

Estos mecanismos no son anodinos. Pueden marcar tu trayectoria profesional de forma significativa, a veces sin que ni siquiera te des cuenta.

Lo que la investigación y las instituciones recomiendan

Las organizaciones que acompañan a los profesionales en España han identificado varios campos de acción.

El SEPE, entre otros, propone cuatro enfoques concretos para superar el síndrome:

  1. Tomar conciencia de tus competencias reales. Identificar concretamente lo que sabes hacer, más allá de la impresión general.
  2. Solicitar retroalimentación. Pedir devoluciones regulares a tus compañeros o superiores para anclar una valoración objetiva.
  3. Desarrollar una visión objetiva de tu valor. Reconocer tus logros sin minimizarlos o atribuirlos a la casualidad.
  4. Compartir la experiencia con iguales. Comprobar que otros viven lo mismo ayuda a desestigmatizar.

Desde el punto de vista organizacional, las investigaciones señalan que la retroalimentación regular y constructiva, la normalización colectiva del fenómeno y el acompañamiento por parte de los mandos contribuyen a reducir estos sentimientos [WebWork Tracker, guía de gestión de equipos].

Estas estrategias tienen sentido. Pero seamos honestos: las pruebas de eficacia de las intervenciones específicas siguen siendo preliminares. La mayoría de las recomendaciones se basan en consensos de expertos, no en ensayos controlados aleatorios. Las soluciones no son mágicas ni universalmente eficaces.


¿Te identificas con estas sensaciones? Si el síndrome del impostor está afectando a tu día a día, no dudes en buscar apoyo. Puedes contactar con el Teléfono de la Esperanza: 717 003 717 o la línea 024 de atención a conductas suicidas para hablar con profesionales que pueden ayudarte.